Mi nombre es Michel pero todos mis amigos me dicen Mochi.
Mi historia no es como las otras. No tengo un hermoso novio que me espera en la entrada del colegio, no soy la más popular ni tampoco soy la reina del baile.
Tengo 17 años de vida y desde que tengo memoria fui la más marginada de mi colegio. Nadie gusta de mí, no tengo admirador secreto y los únicos chicos que conozco no me tratan bien, claro a excepción de Lautaro.
Él me escucha, me abraza cuando lo necesito y siempre se preocupa por mí, es mi mejor amigo o como a él le gusta que le llamen mejor amiga ya que es gay. Desde que lo conozco ha sido mi único amigo pero un año después de que entró a la secundaria comenzó a darse cuenta de que él sentía algo extraño hacia los hombres.
Asíque lo más lindo que me pasó en la vida son mis amigas.
Daniela es mi mejor amiga y es la más dulce de todas, técnicamente ama a todas las personas del universo y no quiere lastimarlas. También es una de las más inteligentes junto con Sol, pero perdió mucha concentración al conocer a Tiago, claro si con conocer me refiero a suspirar por él a escondidas.
Carla es mi amiga más linda. Todos los hombres la esperan en la puerta de nuestro curso y aunque dice que desearía ser como yo no le creo. Ella y Lautaro viven con migo en mi cuarto ya que en el internado en el que habito pensaron que un cuarto mixto iba a ayudar a socializarnos pero para lo único que ayudo fue para procrearnos.
-¡Princesa despierta!-Abrí los ojos para encontrarme con el bello rostro de Lautaro cerca del mío.-¿Te fuiste al otro mundo?- negué con la cabeza. Él suspiró- Oye no me dejes hablando solo cariño.-Me dio un beso en cada mejilla y se marchó a su clase de Biología.
Él otro mundo. Así lo llamábamos con Lautaro a mi mundo imaginario.
Todo comenzó cuando tenía 14 años, me sentía herida asíque inventé a Mi Príncipe Azul. Un chico que todas las noches aparece en mis sueños. Es simplemente perfecto, me trata bien, es caballero y me ama. El único problema es que no existe. Pero eso no evitó que, además, me creara también un mundo perfecto. En el que yo soy la más envidiada y todos me adoran.
El momento que más odio en mi vida es cuando estoy despierta porque vuelvo a aquella horrible realidad en la que nadie me toma en cuenta, me va mal en las materias y no existe Mi Príncipe Azul.
Lo peor es que este mudo no hizo que esté mas feliz, sino al contrario causo que comparara ambos mundos y me diera cuenta de el gran cambio que hago despierta y dormida, es decir, que mi mundo me ilusiona tanto que el mundo real parece más oscuro de lo que ya es.
¿Cómo alguien puede amar a un ser inexistente? Eso es lo que nos preguntamos Lautaro y yo. Él es el único que esta enterado de esto ya que él es como mi psicólogo.
Genial. Teníamos 2 horas de Geografía. Aquella profesora era un vegetal. Sin embargo pase las horas hablando por mensaje con Lautaro. Hablábamos de todo un poco. El descanso tan esperado llegó y yo salí corriendo en busca de Lautaro pero no lo encontré en el patio asíque me reuní con las chicas.
No me pareció extraño que segundos después Franco y Alejandro aparecieran.
Franco saludó a todas excepto a mi. Aunque eso no me importase mucho me lastimaba igual, Alejando me saludo pero sabía que solo era por educación.
-Hola- dijo Franco mirando hacia mi dirección. Sonreí y le respondí educadamente.
-Hola.
-No te saludaba a ti- dijo Franco con un tono de obviedad.- Le decía a Candela.
En segundo después Candela apareció por detrás de mí. Mi sonrisa se borró pero apareció en el rostro de Franco.
-¿Creías que yo te saludaba?- lanzó una gran carcajada al aire y se agarró el estomago como si hubiese oído la cosa más graciosa de el mundo.
Alguien me tomó de la cintura y me dio vuelta. Lautaro tenía una enorme sonrisa en el rostro pero al ver la mía de decepción por haberme faltado en aquel momento la cambió.
-Lo lamento tenía que ir al baño.- Puso aquella cara que siempre ponía cuando necesitaba un perdón y me besó la nariz con dulzura.- Te dejare que me hagas un horario para que vaya al baño si tú me perdonas.
-No haré eso.
-Pero me perdonas.- Acercó tanto su rostro al mío que casi podía tocar su nariz.
Puse mis ojos en blanco y asentí.
-Harían una linda pareja.-Comentó Daniela.
-Sí, si no fuera gay.- Dijo Alejandro.
-Michel se parece a un hombre.- Dijo riéndose Franco.
Brenda se rió por lo bajo y las demás miraron hacia otra dirección que no fuera mi rostro que estaba con los ojos mojados y apunto de llorar. Esos insultos eran los que mas me dolían.
Lautaro se puso serio de repente.
-¿Alguna vez has intentado callarte?- Dijo él muy enojado.- Inténtalo. Porque de tu boca solo salen estupideces. Permiso.
Me tomó del brazo y me llevó al cuarto. Allí cerro con traba la puerta y corriendo vino a abrazarme.
Comencé a llorar. Unos minutos después paré.
-Lo siento manche tu camiseta.- Dije aún sollozando. Apoyé mi cabeza en su hombro. Seguíamos abrazados.
-No importa cariño. Desahógate.- Me acariciaba lentamente. Me separó de él con cuidado, se sentó en la cama y colocó mi cabeza en sus piernas.
-¿Quieres hablarme?- Preguntó con mucho cariño.
-Siempre quiero hablarte.-Dije sin embargo no hable más. Lautaro no insistió solo me acariciaba el rostro y el pelo.
Alicia irrumpió en mi cuarto.
-¿Te encuentras bien?- Su rostro mostraba mucha preocuparon pero al verme en brazos de Lautaro sonrió- Daniela tiene razón, ¿No pensaste en ser heterosexual?-Le pregunto a Lautaro.
-No es algo que se elija Alicia. Aunque si no fuera homosexual con todo gusta saldría con Mochi.- Me sonrió con mucho cariño.
-Adiós Alicia.- Alicia me sonrió picadamente y se fue.
-Como tu psicólogo te recomiendo faltar en este día. Te darás un ducha muy larga, yo te daré un té y te dormirás.
-Me encantas como mi psicólogo- Dije. Le di un pequeño beso en la nariz y me dirigí al baño como me ordenó.
Lugo tomé su rico té y me acosté en la cama en la espera de Mi Príncipe Azul.